nuestra metodología
En la Fundación Mi Historia, unimos a periodistas, artistas, psicólogos y educadores en torno a una convicción profunda: las historias que contamos moldean quiénes somos, cómo nos relacionamos con el mundo y con las personas que nos rodean. La identidad no es un dato fijo, sino una narrativa en construcción. Se teje a través del tiempo, en la forma en que damos sentido al pasado, interpretamos el presente y proyectamos el futuro.
Creemos que el periodismo permite a los jóvenes explorar su entorno y su lugar en él, desarrollar pensamiento crítico y ejercer su voz en el espacio público de forma creativa, ética y transformadora.
Por eso trabajamos con una metodología que combina autobiografía creativa, periodismo participativo y competencias psicosociales. Invitamos a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ) a narrarse desde sí mismos, con sus propias palabras, para reconstruir sus trayectorias, resignificar sus experiencias y volver a imaginar sus posibilidades.
A través de talleres narrativos, producción de contenidos y espacios de diálogo colectivo, acompañamos procesos de exploración identitaria que fortalecen el vínculo con uno mismo y con los demás. En este camino, los NNAJ desarrollan lo que llamamos Habilidades para la Paz —cinco competencias emocionales y sociales clave para el bienestar y la inclusión.

autoconocimiento:
Comprender quién soy y cómo me siento.

Autogestión:
Aprender a regular mis emociones y reacciones.

Manejo de relaciones interpersonales:
Construir vínculos positivos.

Conciencia social:
Reconocer al otro, su historia y su dignidad.

Toma de decisiones responsables:
Pensar críticamente y con creatividad para actuar con sentido.
Estas habilidades no solo permiten superar heridas del pasado, sino que preparan a los jóvenes para crear un proyecto de vida con propósito y pertenencia. Un joven que se siente bien consigo mismo y con su futuro es un joven menos propenso a buscar soluciones en la violencia, las pandillas o los grupos armados.
Nuestro enfoque está diseñado para ser transformador, seguro y participativo. Es un proceso de reparación narrativa, pero también de creación, de protagonismo y de posibilidad.
Porque cada historia puede abrir un camino. Y cada joven merece contarla.

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